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viernes, 7 de enero de 2011

¡Eureka! ¡Tunja la más barata!

SUMAS & restas

¡Eureka! ¡Tunja la más barata!

Edilberto Rodríguez Araújo- Director del Centro de Estudios Económicos (CENES) de la UPTC.

Los resultados de la inflación acumulada en 2010 sorprendieron a todos. A pesar de que se anticipaba que bordearía el tres por ciento, el registro final la desbordó en dos puntos. La variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de 3,2 por ciento indujo a una revisión de precios y tarifas, comoquiera que el reajuste del salario mínimo (3,4 por ciento) resultó anulado por dicho guarismo. Lo más preocupante fue que el indicador de la carestía para el estrato de ingreso bajo (3,6 por ciento), asestó un duro golpe a los colombianos más vulnerables, expuestos a todas las secuelas del peor desastre invernal, lo que retrotraerá la pobreza urbana y rural a niveles sin precedentes.

El sorpresivo anuncio del Presidente Santos de revaluar el reciente incremento del salario mínimo para situarlo en cuatro por ciento es un contradictorio reconocimiento de la gravedad de esta regresión social, así los $20.600 de aumento sea un paliativo a la calamitosa situación por la que atraviesan quienes en entidades públicas y empresas privadas, formales e informales, malviven con menos de un salario mínimo. Pese a que los gremios empresariales califican esta decisión como política, lo cierto es que tiene una connotación de “racionalidad económica” al fallar el pronóstico tanto de los centros de investigación cercanos al Gobierno Nacional (v. gr. Fedesarrollo) como de agencias estatales como el Banco de la República. La infalible tecnocracia ha recurrido a los rangos en sus estimativos para reducir el margen de error en sus proyecciones estadísticas.

A su vez, lo que sorprende, fue observar que Tunja fue la ciudad, dentro de las 24 ciudades capitales que encuesta el Dane, de menor crecimiento en el precio de la canasta familiar, no obstante que en el 2009 estuvo por encima de la media del país (2,23 frente a 2,0 por ciento). En efecto, mientras Tunja registró una inflación de 1,93 por ciento el promedio nacional se calculó en 3,17 por ciento, siendo diciembre el mes detonante del alza de precios, considerándose que fue el periodo cuya inflación superó al comportamiento de toda la década pasada.

Lo predecible en los meses iniciales de 2011 será la cascada de incrementos tanto en los precios como en las tarifas reguladas, lo que conducirán a que pensiones, cánones de arrendamiento, tarifas de servicios públicos, pasajes, peajes, etc. se eleven absorbiendo el pírrico aumento salarial; es el “círculo vicioso” de los ingresos salariales pulverizados por la catapulta de los precios de bienes y servicios.

OTROSÍ: Ahora no sea que el Alcalde Montejo reclame para sí la baja inflación tunjana.
Es risible que anuncie que emprenderá una cruzada para defender el funesto periodo presidencial uribista. Debería, más bien, dedicarse a desmontar las megavallas que instaló aquí y allá para publicitar su megalomanía mediática. Se inició la cuenta regresiva y en octubre las urnas le darán una respuesta a su invertido lema: “Para Tunja: lo peor…”

POSDATA: Con los nombramientos conocidos, habrá en la UPTC, ¿más de lo mismo?
E-mail: palimpsesto@hotmail.com Twitter: @zaperongo

domingo, 19 de diciembre de 2010

Tunja: ¿una ciudad cara?

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Tunja: ¿una ciudad cara?
Recientemente divulgó el Dane su medición del nivel de precios de bienes y servicios y, contrario a lo esperado, el acumulado en lo corrido del año (2,31 por ciento), supera a la inflación con la que finalizó el 2009. En octubre la variación en los precios de la canasta familiar fue negativa situándose en -0,09 por ciento, atribuyéndole este resultado a la trepada de los precios de vivienda, salud y educación, que contrasta-¡quien lo creyera! con la merma, por quinto mes consecutivo –contrario a lo que se observa en Tunja-, en el precio de los alimentos, en el que las torrenciales lluvias e inundaciones no han hecho mella, según el Dane, en la siembra y en las cosechas. Resulta ilustrativo que uno de los renglones con mayores incrementos en ese mes fue el de las bebidas alcohólicas.
En el mes pasado Tunja fue la quinta ciudad con mayores incrementos, después de Pasto, Medellín, Pereira y Bucaramanga, con un acumulado de 1,18 por ciento ocupando el penúltimo lugar –sólo aventajada por Cúcuta en cuanto al nivel inflacionario –en el escalafón de las 24 ciudades incluidas por el Dane. Los más afectados con el aumento en los precios de la canasta familiar son los estratos ingreso bajo y medio, mientras que el alto compensa, mediante el crédito de consumo y el dinero plástico la liquidez inmediata.
De otro lado, es preocupante que el deterioro del mercado laboral en Tunja no cede. En el tercer trimestre de 2010 (julio-septiembre), la tasa de desempleo registrada (12,4 por ciento) fue casi idéntica a la encontrada en el mismo periodo de 2007: 12,6 por ciento, coincidiendo con lo transcurrido de la actual administración municipal. Quizá lo más dramático es que la tasa de subempleo (una versión del desempleo disfrazado) ascendió a 33,2 por ciento lo que contrasta con el nivel observado en 2007: 32,4 por ciento. Este guarismo se asemeja al comportamiento del desempleo y subempleo a escala nacional. Lo anterior significa que Tunja tiene 10.000 desempleados y 27.000 subempleados, equivalentes, respectivamente, al 12,5 y 33,7 por ciento de la población laboral tunjana. La carencia de oportunidades de trabajo agobia, día tras día, a muchos jóvenes. La existencia del trabajo temporal o angustioso rebusque es una azarosa búsqueda de precarias alternativas que sólo dejan desencanto y baja autoestima, puesto que la exclusión del circuito laboral genera frustración y marginalidad. Es inquietante que la política de empleo remunerado esté ausente de cualquier agenda de gobierno y los llamados “observatorios laborales” sólo sean escenarios para que algunos pocos empleados tengan “oficio”.
OTROSÍ: Es lamentable el deterioro de la malla vial de Tunja. Las flamantes megaobras de papel de la actual administración han impedido el reparcheo de las destartaladas vías. Tunja parece una ciudad destruida. La ampliación de los andenes de los andenes –en la que se invertirán $ 1.900 millones-, reduciendo el ancho de las vías, es una solución cosmética, ya que el deterioro seguirá acentuándose ante la desidia de la Alcaldía y la indiferencia de juntas de acción comunal. Capítulo aparte son las vías internas de las zonas residenciales que se han retrotraído a los caminos de herradura. No se puede culpar al Alcalde, pues, no ha hecho nada…

lunes, 5 de julio de 2010

Profesionales en la olla

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Profesionales en la olla
Edilberto Rodríguez Araújo – Director del Centro de Estudios Económicos (CENES) de la UPTC
La Ley de Okun no es válida en Colombia. Esta hipótesis sostiene que el crecimiento económico va acompañado de una caída simultánea del desempleo. Así lo evidencia el comportamiento reciente de la economía colombiana que, incluso no se desvirtúa con el repunte observado en el primer trimestre de este año: pese a que el PIB creció en 4,4 por ciento el desempleo se ha remontado en más del 12 por ciento.
Asimismo, no obstante que el empleo sea elevado levemente, ni su ritmo ni su composición ni su calidad son las deseables. Desde mayo de 2009 sólo se ha incrementado en 2,5 por ciento mientras que la fuente de este crecimiento han sido los servicios de baja productividad pertenecientes a actividades informales en que la categoría predominante son los llamados “trabajadores por cuenta propia” (43 por ciento). La economía ha sido incapaz de absorber la creciente oferta de mano de obra, lo que se ve acentuado por los estímulos gubernamentales hacia procesos intensivos en capital fijo, tal como lo ejemplifican las zonas francas. Por ello el desempleo en mayo de 2010 es casi idéntico al de 2003: 12,1 por ciento.
El deterioro del mercado laboral está articulado a la compresión salarial lo que ahonda la brecha social. El Observatorio Laboral del Ministerio de Educación Nacional divulgó recientemente cómo entre 2001-2009 el número de graduados en las diversas modalidades de Instituciones de Educación Superior (IES) se situó en un poco más de 1,5 millones –guarismo similar a la matrícula actual- encontrándose que más del 35 por ciento de los egresados en los últimos dos años duraron más de seis meses en conseguir un empleo. Es ilustrativo que el salario de enganche en los últimos tres años (2006-2009) registró un sensible declive, en lo profesionales hombres cayó de $ 1.837.740 a $ 1.742.706; en contraste fue mayor este descenso en los hombres (-5,2 por ciento) que en las mujeres (-1,1 por ciento), existiendo algunas carreras, como las licenciaturas, contrario a Medicina y Derecho, que tienen menores remuneraciones.
De manera reiterada se ha señalado –ahora lo declaró el ambiguo Director del SENA, entidad que se aproxima a la cobertura que tienen las universidades públicas (455.000 cupos)- que la vocación laboral está desfasado del perfil académico de los graduados, reclamándose un mayor énfasis en las carreras técnicas y tecnológicas; sin embargo, el documento del MEN revela un nivel de insatisfacción superior en estos dos últimos segmentos que en la educación universitaria en la que, paradójicamente, el 83,8 por ciento de los entrevistados se mostró satisfecho con los estudios realizados y el empleo desempeñado.
El subempleo que afecta a una tercera parte de la población laboral del país incide análogamente en los profesionales colombianos, quienes expresan su inconformidad porque las oportunidades ofrecidas son de bajos salarios que no corresponden a sus competencias laborales. El panorama se ensombrece más cuando se observa cómo los contratos de prestación de servicios y a término fijo han aumentado, mientras que a término indefinido se han reducido, representado alrededor de la mitad, lo que denota la inestabilidad y precarización derivada de la mal denominada flexibilidad laboral.
OTROSÍ: ¡Aleluya! Tunja –a pesar del escepticismo de las amas de casa- fue la ciudad que experimentó la menor variación en el nivel de precios de la canasta familiar en mayo, quien lo creyera: - 0,30 por ciento. El acumulado en lo corrido del año es inferior al promedio nacional: 1,42 frente a 2,47 por ciento. ¿Cuál fue la clave? ¿Mayor oferta de bienes y servicios o menor capacidad de compra?

domingo, 31 de enero de 2010

¿Quien le cree a quien?

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¿Quién le cree a quien?
Edilberto Rodríguez Araújo (Coordinador del grupo de investigación OIKOS de la UPTC)
Es paradójico que una de las instituciones con menores aciertos en sus pronósticos sea la que le merezca mayor credibilidad a los 1.440 encuestados -líderes de gremios (10 por ciento), academia (24 por ciento), medios de comunicación (30 por ciento), organizaciones políticas (22 por ciento) y sociales (14 por ciento)-por el ex director del Dane, César Caballero, a través de su firma encuestadora “Cifras y conceptos”, en 15 departamentos y el distrito capital. Esa institución es el Banco de la República –es de suponer que se refiere a su flamante Junta Directiva- que obtuvo la mayor favorabilidad (69 por ciento), que contrasta con la de la figura presidencial que ocupó el 13º lugar -con un grado de confianza de 53 por ciento- entre 17 consultados.
Aunque se han cuestionado los alcances de este tipo de medición que, generalmente tiene un sesgo reduccionista, porque a partir de una reducida muestra de la población, hace extensiva, arbitrariamente, sus conclusiones a todo el universo, de alguna forma es un reflejo del pulso de la opinión que, en coyuntura como la actual, se esgrimen como una infalible verdad para apabullar a sus contendores.
El Banco de la República, santuario de la tecnocracia colombiana, es, por mandato constitucional, el responsable del manejo de la política monetaria, cambiaria y crediticia, renunciando a los propósitos de reactivación económica y generación de empleo.
La Banca Central ha centrado todos sus esfuerzos en la llamada estabilidad de precios y ha fijado la llamada inflación objetivo como ancla de su estrategia, además de la regulación de la tasa de cambio de pesos por dólar. Ante la enorme incertidumbre, que se cierne sobre la economía, que impiden metas muy puntuales, se establecen intervalos. Este fue el caso en que, por ejemplo, el Banco Emisor predijo que para 2009 la inflación oscilaría en un rango entre 4,5 y 5,5 por ciento, promediando un 5 por ciento, expectativa que, de alguna manera fue avalada por expertos económicos –pese a que sólo el 21 por ciento de estos en octubre de 2009 lo compartió-, pero que estuvo distante del resultado obtenido cual fue de 2 por ciento. Para el 2010 la proyección del Banco sitúa el intervalo, tanto para el PIB como la inflación, entre 2 y 4 por ciento, siendo su cumplimiento muy incierto.
Otra muestra del desfase entre las previsiones y las cifras finales es la del reajuste salarial, a finales del año pasado. El Banco de la República, luego de revisar sus predicciones, anticipó que sería de 6,1 por ciento; sin embargo, el incremento del salario mínimo fue de 3,6 por ciento –aumento que se anulará con las incontenibles alzas de precios de comienzos de año, espoleadas por la implacable sequía y el cuestionado paquete tributario con el desproporcionado aumento del IVA a cerveza, licores y cigarrillos, para cubrir el desfinanciamiento del colapsado sector salud.

Otrosí: A pesar de que en noviembre se decidió la entrega del Instituto Técnico Rafael Reyes al municipio de Duitama –invocándose discutibles argumentos-, en el presupuesto de la UPTC para el 2010 se soslayó esta situación y se incluyó una partida por $ 1.800 millones, como si éste colegio aún estuviese adscrito a la Universidad o mediara algún convenio de prestación de servicios.
http://palimpsesto21.blogspot.com/

viernes, 8 de enero de 2010

La caja de Pandora de los precios

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La caja de Pandora de los precios
Edilberto Rodríguez Araújo (Coordinador del grupo de investigación OIKOS de la UPTC)
Se ha divulgado la cifra de la inflación acumulada para el 2009, guarismo que puso en jaque las proyecciones de las autoridades económicas (Banco de la república y Departamento Nacional de Planeación), y que, en otras circunstancias, sería motivo de regocijo general. Sin embargo, los cuatro trimestres consecutivos de caída libre de la economía hacen presagiar que una baja de la inflación (2,0 por ciento), acompañada de un nulo crecimiento económico, no es motivo de alborozo colectivo.
El descenso en el nivel de precios no se deriva de una contención de la estructura de costos en los precios y tarifas de los bienes y servicios: existen precios o tarifas reguladas cuyos incrementos están atados a la inflación proyectada o al pírrico aumento del salario mínimo (copagos en las EPSs, comparendos, peajes y arriendos), o cuando más, desbordan estas previsiones (impuesto predial, servicios públicos, pensiones, matrículas, transporte urbano, entre otros). Capítulo aparte merece la gasolina y el acpm, producidos en Colombia, pero cobrados según los precios internacionales de los hidrocarburos.
De igual manera, el comportamiento de los alimentos es uno de los componentes básicos en su variación. Como es sabido, en la oferta de productos alimenticios inciden factores estacionales, asociados a la cambiante climatología (intenso verano y abrumadoras heladas en el altiplano cundiboyacense) que jalonan, de manera recurrente, las alzas. Pese a la tan publicitada, pero inocua, “congelación de precios” pactada por el Ministerio de Agricultura, el comienzo de año registrará una incontenible trepada de precios que anulará el reajuste en el salario mínimo de 3,64 por ciento ($515.500).
El detonante de la aparente reducción de precios de la canasta familiar ha sido la contracción de la demanda interna, subproducto del deterioro del mercado laboral –Colombia ha ostentado una de las mayores tasas de desempleo en América Latina, cuyo nivel promedio en 2009 fue de 9,0 por ciento-, que ha “destruido” empleo y ha acarreado una sensible merma en los ingresos familiares. Es previsible que los indicadores sociales, tales como la línea de pobreza y de indigencia exhiban para el 2009 y 2010 el peor desempeño de los últimos años, llevando a que un año electoral como el que despega, muestre una postrada economía que no se reactivará con el demagógico discurso de la “confianza inversionista”, con mayor inequidad que hará añicos la tan esquiva cohesión social.
De las 25 ciudades que cubre la medición de la inflación por parte del Dane, Tunja ocupa el octavo lugar, superando el promedio nacional, al alcanzar un nivel de 2,23 por ciento, originado en el incremento de precios de renglones como alimentos, vivienda y transporte, gravitando, principalmente, la carestía sobre los trabajadores y la clase media.
OTROSÍ: Las campañas electorales empiezan a invadir, cual hiedra reptante, muros y paredes. Hay muchos repitentes. La renovación que tanto se invoca no aparece. En muchos casos se recompensa las prácticas clientelistas, postulándose añejas figuras cuyo tránsito por el Congreso no ha dejado huella alguna. Vale la pena ensayar no sólo nuevos nombres, sino programas renovadores que propongan soluciones, no paliativos, a los problemas regionales. ¡No más de lo mismo!
Palimpsesto 21.blogspot.com
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La caja de Pandora de los precios
Edilberto Rodríguez Araújo (Coordinador del grupo de investigación OIKOS de la UPTC)
Se ha divulgado la cifra de la inflación acumulada para el 2009, guarismo que puso en jaque las proyecciones de las autoridades económicas (Banco de la república y Departamento Nacional de Planeación), y que, en otras circunstancias, sería motivo de regocijo general. Sin embargo, los cuatro trimestres consecutivos de caída libre de la economía hacen presagiar que una baja de la inflación (2,0 por ciento), acompañada de un nulo crecimiento económico, no es motivo de alborozo colectivo.
El descenso en el nivel de precios no se deriva de una contención de la estructura de costos en los precios y tarifas de los bienes y servicios: existen precios o tarifas reguladas cuyos incrementos están atados a la inflación proyectada o al pírrico aumento del salario mínimo (copagos en las EPSs, comparendos, peajes y arriendos), o cuando más, desbordan estas previsiones (impuesto predial, servicios públicos, pensiones, matrículas, transporte urbano, entre otros). Capítulo aparte merece la gasolina y el acpm, producidos en Colombia, pero cobrados según los precios internacionales de los hidrocarburos.
De igual manera, el comportamiento de los alimentos es uno de los componentes básicos en su variación. Como es sabido, en la oferta de productos alimenticios inciden factores estacionales, asociados a la cambiante climatología (intenso verano y abrumadoras heladas en el altiplano cundiboyacense) que jalonan, de manera recurrente, las alzas. Pese a la tan publicitada, pero inocua, “congelación de precios” pactada por el Ministerio de Agricultura, el comienzo de año registrará una incontenible trepada de precios que anulará el reajuste en el salario mínimo de 3,64 por ciento ($515.500).
El detonante de la aparente reducción de precios de la canasta familiar ha sido la contracción de la demanda interna, subproducto del deterioro del mercado laboral –Colombia ha ostentado una de las mayores tasas de desempleo en América Latina, cuyo nivel promedio en 2009 fue de 9,0 por ciento-, que ha “destruido” empleo y ha acarreado una sensible merma en los ingresos familiares. Es previsible que los indicadores sociales, tales como la línea de pobreza y de indigencia exhiban para el 2009 y 2010 el peor desempeño de los últimos años, llevando a que un año electoral como el que despega, muestre una postrada economía que no se reactivará con el demagógico discurso de la “confianza inversionista”, con mayor inequidad que hará añicos la tan esquiva cohesión social.
De las 25 ciudades que cubre la medición de la inflación por parte del Dane, Tunja ocupa el octavo lugar, superando el promedio nacional, al alcanzar un nivel de 2,23 por ciento, originado en el incremento de precios de renglones como alimentos, vivienda y transporte, gravitando, principalmente, la carestía sobre los trabajadores y la clase media.
OTROSÍ: Las campañas electorales empiezan a invadir, cual hiedra reptante, muros y paredes. Hay muchos repitentes. La renovación que tanto se invoca no aparece. En muchos casos se recompensa las prácticas clientelistas, postulándose añejas figuras cuyo tránsito por el Congreso no ha dejado huella alguna. Vale la pena ensayar no sólo nuevos nombres, sino programas renovadores que propongan soluciones, no paliativos, a los problemas regionales. ¡No más de lo mismo!
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