SUMAS & restas
La euforia económica
Edilberto Rodríguez Araújo- Director del Centro de Estudios Económicos (CENES) de la UPTC
Pese a las secuelas derivadas de la catástrofe invernal el Gobierno Nacional exhibe un optimismo desbordante. Contrario a la cautelosa proyección de la Jefatura del Departamento Nacional de Planeación (DNP) sobre el crecimiento de la economía en el 2011, calculado en 4,5 por ciento, el Presidente Santos ha anunciado que no será inferior a 5 por ciento. Estos pronósticos se alinean con la trayectoria seguida por la economía colombiana en la década pasada cuando esta tuvo un ritmo de 4 por ciento, pero están desfasadas de las cifras que se anticipan para el 2010 que estarán por debajo de ese nivel y de los estimativos consignados en el nuevo Plan Nacional de Desarrollo “Prosperidad para todos”, que cobija el periodo 2010-2014, antes de ocurrido el siniestro natural.
Para los expertos del DNP los sectores jalonadores del crecimiento económico, denominados “locomotoras”, el desempeño oscilará entre 4,8 y 6,2 por ciento, fluctuando entre el sector de menor dinamismo, la minería, y el de mayor, la innovación en C& T. Es curioso que los sectores sobre los cuales se fundamenta la aceleración del crecimiento económico sean los que han soportado las mayores devastaciones del desastre invernal: la agricultura anegada, la infraestructura vial averiada, la minería depredada y la vivienda desplomada. Las premisas de un rápido crecimiento económico que giran alrededor de estos lastrados sectores, han llevado a que los promotores del plan de desarrollo hayan revisado las proyecciones, involucrando los nocivos efectos de este evento, prevaleciendo cierta prudencia en lugar de un infundado optimismo. Por supuesto que las consecuencias se traducirán en menor empleo en el cuatrienio, mayor informalidad y rebrote de la pobreza, vasos comunicantes que no podrán aislarse en la profusión de declaraciones gubernamentales. Se ha dicho, insistentemente, que toda crisis genera oportunidades, pero estas no podrán materializarse si, la retórica oficial no va acompañada de una estrategia concreta, que no sea un placebo sino acciones que remuevan las causas – asociadas a la imprevisión y negligencia por omisión- que desencadenaron este desgarrador drama que se suma al desplazamiento forzado, cuya matriz es el insoluble conflicto interno colombiano. Es la oportunidad para sustituir un modelo de desarrollo basado en la depredación de los recursos naturales (lo sucedido obliga a repensar la presunta bonanza minero-energética, sustentada ya sea en la explotación agenciadas por las firmas transnacionales o por los perseguidos mineros informales). No sólo los ilegales son depredadores.
Los costos de la llamada “reconstrucción” que alteraron el ordenamiento del territorio de gran parte de las regiones del país, podrían elevar los guarismo de la inversión pública en los próximos cuatro años a los $ 500 billones, exigiendo un mayor esfuerzo fiscal del Gobierno Central, para acometer la “refundación” de muchas poblaciones sin la reproducción de sus agobiante problemas estructurales.
OTROSÍ: La Gobernación de Boyacá ha sido proverbialmente un mal administrador de su reducido patrimonio. El disponer de unos activos como las termoeléctricas, la participación accionaria en Acerías Paz del Río, la concesión de la Empresa Licorera de Boyacá, entre otras, ha mostrado una pasmosa incapacidad de eficiente gerencia pública. La no apropiación de un modelo gerencial público ha conducido a la apropiación privada de estos activos en detrimento de los intereses de la sociedad civil, ausente en todas las decisiones.
E-mail: palimpsesto@hotmail.com Twitter: @zaperongo
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sábado, 29 de enero de 2011
domingo, 27 de junio de 2010
La destorcida agrícola
EL ÁBACO
La destorcida agrícola
Edilberto Rodríguez Araújo - Director del Centro de Estudios Económicos (CENES) de la UPTC
El sector agrícola de Boyacá es uno de los sectores que más ha resistido a los embates de la recesión económica, comoquiera que su crecimiento el año pasado superó ligeramente el comportamiento de la economía agregada: 1,0 contra 0,4 por ciento. Los multimillonarios créditos concedidos, de manera fraudulenta, a tutiplén, por el anterior Ministro de Agricultura –tristemente conocido por su mitomanía y oportunismo político-, a palmicultores y cañicultores, no lograron sacar del estancamiento crónico a este sector.
Recientemente el Banco de la República divulgó, a través del Informe de Coyuntura Económica Regional, más conocido por su sigla de ICER, el desempeño de los principales cultivos de la campiña boyacense. El documento evidencia una caída dramática en el 2009 de la producción de hortalizas (-95,2 por ciento), particularmente de remolacha, zanahoria, cebolla junca y haba, entre otros. Simultáneamente la producción de frutales colapsó al desplomarse en -83,2 por ciento, siendo los cultivos más afectados la papaya, el tomate de árbol, la uchuva y la pera. De esta severa contracción que, en parte fue inducida por la disminución del área cosechada, no se excluye a los llamados cultivos transitorios, tales como cebada, frijol, maíz, tabaco rubio y trigo. Quizá los cultivos que estuvieron a salvo de esta destorcida fueron los denominados cultivos anuales que elevaron su producción en 53,9 por ciento y el producto emblemático del departamento, la papa, cuya producción pasó de 766.439 toneladas en 2008 a 825.310 en 2009, pese a la baja en el rendimiento por hectárea.
Este mediocre comportamiento de la producción agrícola ha sido uno de los factores que condujeron a que el año pasado la inflación acumulada de Tunja, rebasara el promedio nacional: 2,23 contra 2,00 por ciento.
PUNTO FINAL:
La muy próspera firma contratista Solarte y Solarte se ha dedicado a fresar, reciclar y repavimentar las dos principales avenidas de la capital boyacense, Norte y Oriental, infartando la movilidad por estas vías arterias, con trancones a las horas pico los que ponen a prueba la paciencia de quienes transitan por esos corredores viales. En el entretanto la muy publicitadas megavías de la administración municipal sólo se ven en las gigantescas vallas instaladas aquí y allá, mientras las destartaladas vías urbanas compiten por tener los cráteres de mayor profundidad y diámetro. A año y medio de concluir su periodo esta nefasta administración no puede exhibir sino promesas incumplidas; sus resultados son irrisorios.
http://palimpsesto21.blogspot.com/
La destorcida agrícola
Edilberto Rodríguez Araújo - Director del Centro de Estudios Económicos (CENES) de la UPTC
El sector agrícola de Boyacá es uno de los sectores que más ha resistido a los embates de la recesión económica, comoquiera que su crecimiento el año pasado superó ligeramente el comportamiento de la economía agregada: 1,0 contra 0,4 por ciento. Los multimillonarios créditos concedidos, de manera fraudulenta, a tutiplén, por el anterior Ministro de Agricultura –tristemente conocido por su mitomanía y oportunismo político-, a palmicultores y cañicultores, no lograron sacar del estancamiento crónico a este sector.
Recientemente el Banco de la República divulgó, a través del Informe de Coyuntura Económica Regional, más conocido por su sigla de ICER, el desempeño de los principales cultivos de la campiña boyacense. El documento evidencia una caída dramática en el 2009 de la producción de hortalizas (-95,2 por ciento), particularmente de remolacha, zanahoria, cebolla junca y haba, entre otros. Simultáneamente la producción de frutales colapsó al desplomarse en -83,2 por ciento, siendo los cultivos más afectados la papaya, el tomate de árbol, la uchuva y la pera. De esta severa contracción que, en parte fue inducida por la disminución del área cosechada, no se excluye a los llamados cultivos transitorios, tales como cebada, frijol, maíz, tabaco rubio y trigo. Quizá los cultivos que estuvieron a salvo de esta destorcida fueron los denominados cultivos anuales que elevaron su producción en 53,9 por ciento y el producto emblemático del departamento, la papa, cuya producción pasó de 766.439 toneladas en 2008 a 825.310 en 2009, pese a la baja en el rendimiento por hectárea.
Este mediocre comportamiento de la producción agrícola ha sido uno de los factores que condujeron a que el año pasado la inflación acumulada de Tunja, rebasara el promedio nacional: 2,23 contra 2,00 por ciento.
PUNTO FINAL:
La muy próspera firma contratista Solarte y Solarte se ha dedicado a fresar, reciclar y repavimentar las dos principales avenidas de la capital boyacense, Norte y Oriental, infartando la movilidad por estas vías arterias, con trancones a las horas pico los que ponen a prueba la paciencia de quienes transitan por esos corredores viales. En el entretanto la muy publicitadas megavías de la administración municipal sólo se ven en las gigantescas vallas instaladas aquí y allá, mientras las destartaladas vías urbanas compiten por tener los cráteres de mayor profundidad y diámetro. A año y medio de concluir su periodo esta nefasta administración no puede exhibir sino promesas incumplidas; sus resultados son irrisorios.
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domingo, 31 de enero de 2010
Reactivación en veremos
EL ÁBACO
Reactivación en veremos
Edilberto Rodríguez Araújo (Profesor de la Escuela de Economía de la UPTC)
En una reciente encuesta aplicada a 1.440 formadores de opinión pertenecientes a gremios, medios de comunicación, organizaciones sociales y políticas y académicos, el segundo tema económico preocupante para este año, después de la crisis internacional (21 por ciento), es el incierto desempeño del sector industrial (9 por ciento).
Aunque aún no se conoce la cifra definitiva acerca del crecimiento económico del 2009, todo apunta que será nulo, pese a las optimistas expectativas gubernamentales y gremiales, que, pensando con el deseo, han pronosticado que el 2010 cerrará con un repunte del 2,5 por ciento. En estas previsiones el comportamiento del sector industrial es determinante, siendo el sector más expuesto a la crisis externa –lo que se manifiesta en el desplome de las exportaciones a los principales socios comerciales, Estados Unidos y Venezuela-, cuya producción no ha mostrado indicios de recuperación, ya que en el periodo enero-noviembre del año pasado cayó en -5,9, haciéndolo simultáneamente el empleo, el cual se contrajo en - 6,4 por ciento, particularmente, la mano de obra temporal.
La coyuntura industrial no sería más preocupante si no es porque la tan esperada reactivación aún no llega y la confianza de los empresarios es negativa. El retraimiento se evidencia en sectores claves para el departamento de Boyacá, tales como las industrias metalmecánica, automotriz y siderúrgica, entre otras, aquejadas por un sensible bajonazo en los pedidos, las ventas y en el aprovechamiento de la capacidad productiva instalada que, según Fedesarrollo, no supera el 68 por ciento, estimativo que contrasta con el de la Andi (75 por ciento), situación que arrastra a la baja la contratación de personal, elevando los niveles de desempleo que podrá situarse en el 2010 en 14 por ciento.
Pero, como si fuera poco, la tan trillada “confianza inversionista” de los empresarios se ha visto deteriorada con el cuestionado paquete tributario –anticipo de la arremetida alcabalera que se avecina- implantado, a rajatabla, por el Gobierno Nacional, bajo el pretexto de emergencia social para evitar el colapso del sector salud y con el cual se esperan recaudar cerca de $ 2 billones. El drástico incremento del IVA a cerveza, juegos de azar, cigarrillos y licores, no necesariamente se traducirá en un previsible aumento en los ingresos de los gobiernos departamentales, los cuales financian gran parte del gasto con estos recursos. En promedio el impuesto a la cerveza, licores y cigarrillo representaban alrededor del 20 por ciento de las finanzas departamentales. Es el círculo perverso de pretender elevar las volátiles rentas del “vicio”, que genera patologías sociales, para financiar las ilimitadas necesidades de la salud pública.
PUNTO FINAL: Comenzó la cuenta regresiva y los aspirantes a Senado y Cámara han cubierto muros, paredes, andenes y calles, provocando una saturante contaminación visual. La falta de creatividad en las consignas es apabullante. Se leen lemas, carentes de sustancia programática, del siguiente tenor: “Buen camino”, “Ahora sí”, “plena confianza”, “un boyacense para servir a Colombia”, “Paso a paso”, “Mi compromiso es…Usted, Que esta vez…tu voto no se pierda”. ¡Qué vacío conceptual!
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Reactivación en veremos
Edilberto Rodríguez Araújo (Profesor de la Escuela de Economía de la UPTC)
En una reciente encuesta aplicada a 1.440 formadores de opinión pertenecientes a gremios, medios de comunicación, organizaciones sociales y políticas y académicos, el segundo tema económico preocupante para este año, después de la crisis internacional (21 por ciento), es el incierto desempeño del sector industrial (9 por ciento).
Aunque aún no se conoce la cifra definitiva acerca del crecimiento económico del 2009, todo apunta que será nulo, pese a las optimistas expectativas gubernamentales y gremiales, que, pensando con el deseo, han pronosticado que el 2010 cerrará con un repunte del 2,5 por ciento. En estas previsiones el comportamiento del sector industrial es determinante, siendo el sector más expuesto a la crisis externa –lo que se manifiesta en el desplome de las exportaciones a los principales socios comerciales, Estados Unidos y Venezuela-, cuya producción no ha mostrado indicios de recuperación, ya que en el periodo enero-noviembre del año pasado cayó en -5,9, haciéndolo simultáneamente el empleo, el cual se contrajo en - 6,4 por ciento, particularmente, la mano de obra temporal.
La coyuntura industrial no sería más preocupante si no es porque la tan esperada reactivación aún no llega y la confianza de los empresarios es negativa. El retraimiento se evidencia en sectores claves para el departamento de Boyacá, tales como las industrias metalmecánica, automotriz y siderúrgica, entre otras, aquejadas por un sensible bajonazo en los pedidos, las ventas y en el aprovechamiento de la capacidad productiva instalada que, según Fedesarrollo, no supera el 68 por ciento, estimativo que contrasta con el de la Andi (75 por ciento), situación que arrastra a la baja la contratación de personal, elevando los niveles de desempleo que podrá situarse en el 2010 en 14 por ciento.
Pero, como si fuera poco, la tan trillada “confianza inversionista” de los empresarios se ha visto deteriorada con el cuestionado paquete tributario –anticipo de la arremetida alcabalera que se avecina- implantado, a rajatabla, por el Gobierno Nacional, bajo el pretexto de emergencia social para evitar el colapso del sector salud y con el cual se esperan recaudar cerca de $ 2 billones. El drástico incremento del IVA a cerveza, juegos de azar, cigarrillos y licores, no necesariamente se traducirá en un previsible aumento en los ingresos de los gobiernos departamentales, los cuales financian gran parte del gasto con estos recursos. En promedio el impuesto a la cerveza, licores y cigarrillo representaban alrededor del 20 por ciento de las finanzas departamentales. Es el círculo perverso de pretender elevar las volátiles rentas del “vicio”, que genera patologías sociales, para financiar las ilimitadas necesidades de la salud pública.
PUNTO FINAL: Comenzó la cuenta regresiva y los aspirantes a Senado y Cámara han cubierto muros, paredes, andenes y calles, provocando una saturante contaminación visual. La falta de creatividad en las consignas es apabullante. Se leen lemas, carentes de sustancia programática, del siguiente tenor: “Buen camino”, “Ahora sí”, “plena confianza”, “un boyacense para servir a Colombia”, “Paso a paso”, “Mi compromiso es…Usted, Que esta vez…tu voto no se pierda”. ¡Qué vacío conceptual!
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viernes, 8 de enero de 2010
La caja de Pandora de los precios
SUMAS & restas
La caja de Pandora de los precios
Edilberto Rodríguez Araújo (Coordinador del grupo de investigación OIKOS de la UPTC)
Se ha divulgado la cifra de la inflación acumulada para el 2009, guarismo que puso en jaque las proyecciones de las autoridades económicas (Banco de la república y Departamento Nacional de Planeación), y que, en otras circunstancias, sería motivo de regocijo general. Sin embargo, los cuatro trimestres consecutivos de caída libre de la economía hacen presagiar que una baja de la inflación (2,0 por ciento), acompañada de un nulo crecimiento económico, no es motivo de alborozo colectivo.
El descenso en el nivel de precios no se deriva de una contención de la estructura de costos en los precios y tarifas de los bienes y servicios: existen precios o tarifas reguladas cuyos incrementos están atados a la inflación proyectada o al pírrico aumento del salario mínimo (copagos en las EPSs, comparendos, peajes y arriendos), o cuando más, desbordan estas previsiones (impuesto predial, servicios públicos, pensiones, matrículas, transporte urbano, entre otros). Capítulo aparte merece la gasolina y el acpm, producidos en Colombia, pero cobrados según los precios internacionales de los hidrocarburos.
De igual manera, el comportamiento de los alimentos es uno de los componentes básicos en su variación. Como es sabido, en la oferta de productos alimenticios inciden factores estacionales, asociados a la cambiante climatología (intenso verano y abrumadoras heladas en el altiplano cundiboyacense) que jalonan, de manera recurrente, las alzas. Pese a la tan publicitada, pero inocua, “congelación de precios” pactada por el Ministerio de Agricultura, el comienzo de año registrará una incontenible trepada de precios que anulará el reajuste en el salario mínimo de 3,64 por ciento ($515.500).
El detonante de la aparente reducción de precios de la canasta familiar ha sido la contracción de la demanda interna, subproducto del deterioro del mercado laboral –Colombia ha ostentado una de las mayores tasas de desempleo en América Latina, cuyo nivel promedio en 2009 fue de 9,0 por ciento-, que ha “destruido” empleo y ha acarreado una sensible merma en los ingresos familiares. Es previsible que los indicadores sociales, tales como la línea de pobreza y de indigencia exhiban para el 2009 y 2010 el peor desempeño de los últimos años, llevando a que un año electoral como el que despega, muestre una postrada economía que no se reactivará con el demagógico discurso de la “confianza inversionista”, con mayor inequidad que hará añicos la tan esquiva cohesión social.
De las 25 ciudades que cubre la medición de la inflación por parte del Dane, Tunja ocupa el octavo lugar, superando el promedio nacional, al alcanzar un nivel de 2,23 por ciento, originado en el incremento de precios de renglones como alimentos, vivienda y transporte, gravitando, principalmente, la carestía sobre los trabajadores y la clase media.
OTROSÍ: Las campañas electorales empiezan a invadir, cual hiedra reptante, muros y paredes. Hay muchos repitentes. La renovación que tanto se invoca no aparece. En muchos casos se recompensa las prácticas clientelistas, postulándose añejas figuras cuyo tránsito por el Congreso no ha dejado huella alguna. Vale la pena ensayar no sólo nuevos nombres, sino programas renovadores que propongan soluciones, no paliativos, a los problemas regionales. ¡No más de lo mismo!
Palimpsesto 21.blogspot.com
La caja de Pandora de los precios
Edilberto Rodríguez Araújo (Coordinador del grupo de investigación OIKOS de la UPTC)
Se ha divulgado la cifra de la inflación acumulada para el 2009, guarismo que puso en jaque las proyecciones de las autoridades económicas (Banco de la república y Departamento Nacional de Planeación), y que, en otras circunstancias, sería motivo de regocijo general. Sin embargo, los cuatro trimestres consecutivos de caída libre de la economía hacen presagiar que una baja de la inflación (2,0 por ciento), acompañada de un nulo crecimiento económico, no es motivo de alborozo colectivo.
El descenso en el nivel de precios no se deriva de una contención de la estructura de costos en los precios y tarifas de los bienes y servicios: existen precios o tarifas reguladas cuyos incrementos están atados a la inflación proyectada o al pírrico aumento del salario mínimo (copagos en las EPSs, comparendos, peajes y arriendos), o cuando más, desbordan estas previsiones (impuesto predial, servicios públicos, pensiones, matrículas, transporte urbano, entre otros). Capítulo aparte merece la gasolina y el acpm, producidos en Colombia, pero cobrados según los precios internacionales de los hidrocarburos.
De igual manera, el comportamiento de los alimentos es uno de los componentes básicos en su variación. Como es sabido, en la oferta de productos alimenticios inciden factores estacionales, asociados a la cambiante climatología (intenso verano y abrumadoras heladas en el altiplano cundiboyacense) que jalonan, de manera recurrente, las alzas. Pese a la tan publicitada, pero inocua, “congelación de precios” pactada por el Ministerio de Agricultura, el comienzo de año registrará una incontenible trepada de precios que anulará el reajuste en el salario mínimo de 3,64 por ciento ($515.500).
El detonante de la aparente reducción de precios de la canasta familiar ha sido la contracción de la demanda interna, subproducto del deterioro del mercado laboral –Colombia ha ostentado una de las mayores tasas de desempleo en América Latina, cuyo nivel promedio en 2009 fue de 9,0 por ciento-, que ha “destruido” empleo y ha acarreado una sensible merma en los ingresos familiares. Es previsible que los indicadores sociales, tales como la línea de pobreza y de indigencia exhiban para el 2009 y 2010 el peor desempeño de los últimos años, llevando a que un año electoral como el que despega, muestre una postrada economía que no se reactivará con el demagógico discurso de la “confianza inversionista”, con mayor inequidad que hará añicos la tan esquiva cohesión social.
De las 25 ciudades que cubre la medición de la inflación por parte del Dane, Tunja ocupa el octavo lugar, superando el promedio nacional, al alcanzar un nivel de 2,23 por ciento, originado en el incremento de precios de renglones como alimentos, vivienda y transporte, gravitando, principalmente, la carestía sobre los trabajadores y la clase media.
OTROSÍ: Las campañas electorales empiezan a invadir, cual hiedra reptante, muros y paredes. Hay muchos repitentes. La renovación que tanto se invoca no aparece. En muchos casos se recompensa las prácticas clientelistas, postulándose añejas figuras cuyo tránsito por el Congreso no ha dejado huella alguna. Vale la pena ensayar no sólo nuevos nombres, sino programas renovadores que propongan soluciones, no paliativos, a los problemas regionales. ¡No más de lo mismo!
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La caja de Pandora de los precios
Edilberto Rodríguez Araújo (Coordinador del grupo de investigación OIKOS de la UPTC)
Se ha divulgado la cifra de la inflación acumulada para el 2009, guarismo que puso en jaque las proyecciones de las autoridades económicas (Banco de la república y Departamento Nacional de Planeación), y que, en otras circunstancias, sería motivo de regocijo general. Sin embargo, los cuatro trimestres consecutivos de caída libre de la economía hacen presagiar que una baja de la inflación (2,0 por ciento), acompañada de un nulo crecimiento económico, no es motivo de alborozo colectivo.
El descenso en el nivel de precios no se deriva de una contención de la estructura de costos en los precios y tarifas de los bienes y servicios: existen precios o tarifas reguladas cuyos incrementos están atados a la inflación proyectada o al pírrico aumento del salario mínimo (copagos en las EPSs, comparendos, peajes y arriendos), o cuando más, desbordan estas previsiones (impuesto predial, servicios públicos, pensiones, matrículas, transporte urbano, entre otros). Capítulo aparte merece la gasolina y el acpm, producidos en Colombia, pero cobrados según los precios internacionales de los hidrocarburos.
De igual manera, el comportamiento de los alimentos es uno de los componentes básicos en su variación. Como es sabido, en la oferta de productos alimenticios inciden factores estacionales, asociados a la cambiante climatología (intenso verano y abrumadoras heladas en el altiplano cundiboyacense) que jalonan, de manera recurrente, las alzas. Pese a la tan publicitada, pero inocua, “congelación de precios” pactada por el Ministerio de Agricultura, el comienzo de año registrará una incontenible trepada de precios que anulará el reajuste en el salario mínimo de 3,64 por ciento ($515.500).
El detonante de la aparente reducción de precios de la canasta familiar ha sido la contracción de la demanda interna, subproducto del deterioro del mercado laboral –Colombia ha ostentado una de las mayores tasas de desempleo en América Latina, cuyo nivel promedio en 2009 fue de 9,0 por ciento-, que ha “destruido” empleo y ha acarreado una sensible merma en los ingresos familiares. Es previsible que los indicadores sociales, tales como la línea de pobreza y de indigencia exhiban para el 2009 y 2010 el peor desempeño de los últimos años, llevando a que un año electoral como el que despega, muestre una postrada economía que no se reactivará con el demagógico discurso de la “confianza inversionista”, con mayor inequidad que hará añicos la tan esquiva cohesión social.
De las 25 ciudades que cubre la medición de la inflación por parte del Dane, Tunja ocupa el octavo lugar, superando el promedio nacional, al alcanzar un nivel de 2,23 por ciento, originado en el incremento de precios de renglones como alimentos, vivienda y transporte, gravitando, principalmente, la carestía sobre los trabajadores y la clase media.
OTROSÍ: Las campañas electorales empiezan a invadir, cual hiedra reptante, muros y paredes. Hay muchos repitentes. La renovación que tanto se invoca no aparece. En muchos casos se recompensa las prácticas clientelistas, postulándose añejas figuras cuyo tránsito por el Congreso no ha dejado huella alguna. Vale la pena ensayar no sólo nuevos nombres, sino programas renovadores que propongan soluciones, no paliativos, a los problemas regionales. ¡No más de lo mismo!
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La caja de Pandora de los precios
Edilberto Rodríguez Araújo (Coordinador del grupo de investigación OIKOS de la UPTC)
Se ha divulgado la cifra de la inflación acumulada para el 2009, guarismo que puso en jaque las proyecciones de las autoridades económicas (Banco de la república y Departamento Nacional de Planeación), y que, en otras circunstancias, sería motivo de regocijo general. Sin embargo, los cuatro trimestres consecutivos de caída libre de la economía hacen presagiar que una baja de la inflación (2,0 por ciento), acompañada de un nulo crecimiento económico, no es motivo de alborozo colectivo.
El descenso en el nivel de precios no se deriva de una contención de la estructura de costos en los precios y tarifas de los bienes y servicios: existen precios o tarifas reguladas cuyos incrementos están atados a la inflación proyectada o al pírrico aumento del salario mínimo (copagos en las EPSs, comparendos, peajes y arriendos), o cuando más, desbordan estas previsiones (impuesto predial, servicios públicos, pensiones, matrículas, transporte urbano, entre otros). Capítulo aparte merece la gasolina y el acpm, producidos en Colombia, pero cobrados según los precios internacionales de los hidrocarburos.
De igual manera, el comportamiento de los alimentos es uno de los componentes básicos en su variación. Como es sabido, en la oferta de productos alimenticios inciden factores estacionales, asociados a la cambiante climatología (intenso verano y abrumadoras heladas en el altiplano cundiboyacense) que jalonan, de manera recurrente, las alzas. Pese a la tan publicitada, pero inocua, “congelación de precios” pactada por el Ministerio de Agricultura, el comienzo de año registrará una incontenible trepada de precios que anulará el reajuste en el salario mínimo de 3,64 por ciento ($515.500).
El detonante de la aparente reducción de precios de la canasta familiar ha sido la contracción de la demanda interna, subproducto del deterioro del mercado laboral –Colombia ha ostentado una de las mayores tasas de desempleo en América Latina, cuyo nivel promedio en 2009 fue de 9,0 por ciento-, que ha “destruido” empleo y ha acarreado una sensible merma en los ingresos familiares. Es previsible que los indicadores sociales, tales como la línea de pobreza y de indigencia exhiban para el 2009 y 2010 el peor desempeño de los últimos años, llevando a que un año electoral como el que despega, muestre una postrada economía que no se reactivará con el demagógico discurso de la “confianza inversionista”, con mayor inequidad que hará añicos la tan esquiva cohesión social.
De las 25 ciudades que cubre la medición de la inflación por parte del Dane, Tunja ocupa el octavo lugar, superando el promedio nacional, al alcanzar un nivel de 2,23 por ciento, originado en el incremento de precios de renglones como alimentos, vivienda y transporte, gravitando, principalmente, la carestía sobre los trabajadores y la clase media.
OTROSÍ: Las campañas electorales empiezan a invadir, cual hiedra reptante, muros y paredes. Hay muchos repitentes. La renovación que tanto se invoca no aparece. En muchos casos se recompensa las prácticas clientelistas, postulándose añejas figuras cuyo tránsito por el Congreso no ha dejado huella alguna. Vale la pena ensayar no sólo nuevos nombres, sino programas renovadores que propongan soluciones, no paliativos, a los problemas regionales. ¡No más de lo mismo!
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