SUMAS & restas
EL DESPLOME DE LA INVERSIÓN EMPRESARIAL
Edilberto Rodríguez Araújo – Director del Centro de Estudios Económicos (CENES) de la UPTC
El año pasado la inversión empresarial en Boyacá cayó dramáticamente. Según el Observatorio de Coyuntura Económica Regional y Urbana (OIKOS) de la UPTC, a partir de información del Banco de la República, los recursos volcados hacia las empresas del departamento se contrajo en -52 por ciento, al descender de $ 97.541 a $46.901 millones siendo los sectores responsables de este desplome el agropecuario, el transporte y los prestadores de salud. De la primera actividad podría afirmarse que en los últimos años se ha observado una imparable declinación que resulta acentuada por los estragos del invierno, siendo una de las locomotoras santistas del crecimiento económico que se resiste a despegar. Por el contrario, de su rezago no puede exonerarse a los últimos titulares del Ministerio de Agricultura que “potrerizaron” el campo y con el señuelo de los biocombustibles abandonaron los cultivos de pancoger.
Dentro de las tres jurisdicciones de las cámaras de comercio de Boyacá, -las que atraviesan por una crisis institucional sin precedentes por haberse convertido en escenario de pugnas grupistas-, Tunja como menguante polo de atracción del flujo de capital regional fue desplazada por Duitama –inclusive también por Sogamoso, ciudad cuya decadencia económica parecía irreversible-, representando tan sólo cerca del 10 por ciento de la inversión neta frente al 48 por ciento de esta última. Sin embargo, esta localidad que viene liderando el dinamismo económico fue en el 2009 receptor del 82,5 por ciento del capital invertido. El mapa de los flujos de capital en Boyacá se está recomponiendo.
Pese al aparente auge de la finca raíz con la proliferación de agencias que se disputan el mercado urbano en Tunja, la inversión inmobiliaria se precipitó en caída libre en el 2010 disminuyendo en – 117 por ciento. Simultáneamente, y contra toda evidencia, la construcción registró una merma de -91 por ciento. Para completar el cuadro de declive del desarrollo urbano la inversión ligada a la prestación de los servicios públicos domiciliarios se redujo en -87 por ciento.
Duitama, el emergente receptor de capital, muestra que su comportamiento fue determinante en la destorcida empresarial, siendo la fuente de la misma el pésimo desempeño de sectores tales como la agricultura, y la red de instituciones de salud y educativas, a las que se agregan el transporte, la industria manufacturera y el comercio minorista.
El panorama se perfilaría desolador si no es por la asombrosa recuperación de la inversión en Sogamoso. Es la única jurisdicción donde repuntó el montaje de nuevas empresas. La inversión se incrementó en los últimos dos años en 238 por ciento, atribuyéndosele este fenómeno al renacimiento industrial y al redespliegue de la minería. El tamaño del capital canalizado a las empresas de esta ciudad cuadruplicó en 2010 a la encontrada en Tunja.
En Boyacá la inversión está languideciendo y no se explica por la baja capacidad de ahorro interno, puesto que la magnitud de la captación del sistema financiero no es insignificante: en 2009 bordeó el billón de pesos.
OTROSÍ: Terminada la ampliación de andenes, la malla vial sigue su acelerado deterioro. Los megahuecos brotan, aquí y allá. Se ven enormes cráteres con pavimento de dudosa calidad y contratistas ídem. ¿Dónde está la veeduría ciudadana?
E-mail: palimpsesto@hotmail.com http://palimpsesto21.blogspot.com/
Twitter: @zaperongo
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miércoles, 16 de marzo de 2011
viernes, 8 de enero de 2010
Desempleo a la carta
EL ÀBACO
Desempleo a la carta
Edilberto Rodríguez Araújo (Profesor de la Escuela de Economía de la UPTC)
Una de las prioridades del colombiano de a pie es contar con la oportunidad de poseer un empleo remunerado. La baja demanda de trabajo, particularmente en sectores intensivos en este factor productivo, se ha acentuado con la lenta recuperación de la economía, lo que, como en un “círculo vicioso”, ha deprimido el consumo de los colombianos, entorpeciendo las expectativas de una reversión de las tendencias recesivas de la economía, en la que los pronósticos más optimistas sitúan, para el 2010, un repunte del Producto Interno Bruto (PIB) de 2,5 por ciento.
Paralelamente al aumento del número de desocupados –que a finales de 2009 fue de 13,7 por ciento- se ha elevado el número de subempleados, insatisfechos con las condiciones de contratación, que representa el 46,7 por ciento de las personas ocupadas, cifra de por sí reveladora de la calidad del empleo existente. En noviembre de 2009 la población desempleada se calculaba en 2.4 millones de personas, a lo que se agrega que los subempleados bordeaban los nueve millones. El principal factor explicativo del subempleo es la insatisfacción de los asalariados por la insuficiencia de los ingresos obtenidos.
El departamento de Boyacá no ha sido ajeno al declive en la generación de empleo. El último estimativo disponible, antes del estallido de la crisis económica, correspondiente a 2008, mostraba una expansión del enganche de mano de obra de 32.000 nuevos puestos de trabajo –subproducto del espectacular crecimiento económico de 2007: 9,74 por ciento, el mayor guarismo observado dentro de las economías departamentales colombianas -, malogrado por el cierre de empresas o reducción de la nómina de personal de las mismas.
El acelerado crecimiento de la economía boyacense en 2007 permitió un sensible descenso del desempleo y del subempleo, los cuales se situaron, en el 2008, en 7,0 –la más baja en el país- y 24,0 porciento, respectivamente, luego de tener registros, en el año anterior, de 9,6 y 40,0 por ciento. Ello significó 13.000 desempleados y 88.000 subempleados menos
Durante el trimestre septiembre-noviembre de 2009, Tunja evidenció alentadores indicadores del mercado laboral, ocupando el puesto 17 entre las 24 ciudades encuestadas por el Dane, para medir la dinámica de tan cambiante mercado. La tasa de desempleo fue similar a la observada en el contexto nacional (11,5 por ciento), distante de ciudades que exhibían un solo dígito de desocupación como Bucaramanga, San Andrés, Santa Marta y Villavicencio; sin embargo, - a juzgar por las cifras conocidas- el subempleo, “pariente” cercano de la informalidad prevaleciente en la economía urbana –comoquiera que ésta absorbe más de la mitad de los trabajadores y empleados permanentes o temporales ocupados en actividades como el comercio, hoteles y restaurantes, carentes de seguridad social-, mostraba un desempeño moderado, aparente evidencia de satisfacción de los trabajadores y empleados en torno a la cuantía de los ingresos percibidos, así como de las características del perfil y duración de la jornada laboral.
Punto final: En la hipotética distribución de curules de las próximas elecciones para el Congreso no hay certeza absoluta, pese a la hegemonía conservadora-liberal. En las elecciones del 2006 del potencial electoral de 785.300 votos, la abrumadora abstención (cerca del 52 por ciento), sólo permitió que los partidos y movimientos políticos se disputaran un poco más de 321.000 sufragios válidos. Si las huestes del Partido Verde logran movilizar a la mayoría de los 120.000 votantes que sufragaron, en el 2003, por el ex Gobernador Jorge Londoño, las posibilidades serán reales, inclusive sin el esquivo apoyo mediático de los tan publicitados “tres tenores”, quienes han invisibilizado su, aún en ciernes, campaña electoral. Como reza el refrán, “muchos serán los llamados y pocos los escogidos”.
http://palimpsesto21.blogspot.com/
Desempleo a la carta
Edilberto Rodríguez Araújo (Profesor de la Escuela de Economía de la UPTC)
Una de las prioridades del colombiano de a pie es contar con la oportunidad de poseer un empleo remunerado. La baja demanda de trabajo, particularmente en sectores intensivos en este factor productivo, se ha acentuado con la lenta recuperación de la economía, lo que, como en un “círculo vicioso”, ha deprimido el consumo de los colombianos, entorpeciendo las expectativas de una reversión de las tendencias recesivas de la economía, en la que los pronósticos más optimistas sitúan, para el 2010, un repunte del Producto Interno Bruto (PIB) de 2,5 por ciento.
Paralelamente al aumento del número de desocupados –que a finales de 2009 fue de 13,7 por ciento- se ha elevado el número de subempleados, insatisfechos con las condiciones de contratación, que representa el 46,7 por ciento de las personas ocupadas, cifra de por sí reveladora de la calidad del empleo existente. En noviembre de 2009 la población desempleada se calculaba en 2.4 millones de personas, a lo que se agrega que los subempleados bordeaban los nueve millones. El principal factor explicativo del subempleo es la insatisfacción de los asalariados por la insuficiencia de los ingresos obtenidos.
El departamento de Boyacá no ha sido ajeno al declive en la generación de empleo. El último estimativo disponible, antes del estallido de la crisis económica, correspondiente a 2008, mostraba una expansión del enganche de mano de obra de 32.000 nuevos puestos de trabajo –subproducto del espectacular crecimiento económico de 2007: 9,74 por ciento, el mayor guarismo observado dentro de las economías departamentales colombianas -, malogrado por el cierre de empresas o reducción de la nómina de personal de las mismas.
El acelerado crecimiento de la economía boyacense en 2007 permitió un sensible descenso del desempleo y del subempleo, los cuales se situaron, en el 2008, en 7,0 –la más baja en el país- y 24,0 porciento, respectivamente, luego de tener registros, en el año anterior, de 9,6 y 40,0 por ciento. Ello significó 13.000 desempleados y 88.000 subempleados menos
Durante el trimestre septiembre-noviembre de 2009, Tunja evidenció alentadores indicadores del mercado laboral, ocupando el puesto 17 entre las 24 ciudades encuestadas por el Dane, para medir la dinámica de tan cambiante mercado. La tasa de desempleo fue similar a la observada en el contexto nacional (11,5 por ciento), distante de ciudades que exhibían un solo dígito de desocupación como Bucaramanga, San Andrés, Santa Marta y Villavicencio; sin embargo, - a juzgar por las cifras conocidas- el subempleo, “pariente” cercano de la informalidad prevaleciente en la economía urbana –comoquiera que ésta absorbe más de la mitad de los trabajadores y empleados permanentes o temporales ocupados en actividades como el comercio, hoteles y restaurantes, carentes de seguridad social-, mostraba un desempeño moderado, aparente evidencia de satisfacción de los trabajadores y empleados en torno a la cuantía de los ingresos percibidos, así como de las características del perfil y duración de la jornada laboral.
Punto final: En la hipotética distribución de curules de las próximas elecciones para el Congreso no hay certeza absoluta, pese a la hegemonía conservadora-liberal. En las elecciones del 2006 del potencial electoral de 785.300 votos, la abrumadora abstención (cerca del 52 por ciento), sólo permitió que los partidos y movimientos políticos se disputaran un poco más de 321.000 sufragios válidos. Si las huestes del Partido Verde logran movilizar a la mayoría de los 120.000 votantes que sufragaron, en el 2003, por el ex Gobernador Jorge Londoño, las posibilidades serán reales, inclusive sin el esquivo apoyo mediático de los tan publicitados “tres tenores”, quienes han invisibilizado su, aún en ciernes, campaña electoral. Como reza el refrán, “muchos serán los llamados y pocos los escogidos”.
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Boyacá,
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mercado laboral,
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